Aeon

Aeon (2009) es una historia de ficción y fantasía de corte nostálgico, desarrollada en un universo donde la tecnología ha alcanzado nuevos limites, y la manufactura de un nuevo orden humano es enfrentada solo por unos pocos. Garret Morton es el protagonista de este futurista viaje, lleno de intrincadas conspiraciones y sorprendentes revelaciones.

Aeon: Technocracy

Indice

Introducción

Distrito B – Zona 12

26:32 Hrs

Cuando abrí los ojos no pude mas que preguntarme donde estaba, el intenso calor despedido por las entrañas de la estación mezcladas con el vapor caliente del sistema de clima, convertía aquella pequeña habitación de paredes metálicas en una pesadilla infernal, un mal sueño creado por mi subconsciente evocando mis mas grandes miedos, aunque los hirvientes colores de aquel atardecer filtrándose entre las persianas se las arreglaron para hacerme regresar a mi no menos cruda realidad. Al levantarme de la cama, se abrieron automáticamente las persianas, revelando los últimos rayos de sol de la tarde, rebasando apenas los techos de acero de los edificios de la zona industrial. Los enormes brazos mecánicos rugían a lo lejos con la misma frecuencia e intensidad que lo habían hecho los últimos 7 años de mi vida que he pasado en este distrito.

Al colocarme junto a la ventana los últimos rayos de sol desaparecen, dejando iluminado con tenues halos, las agujas metálicas sobre las cúpulas del sector 13.

La falta de sol reduce la temperatura considerablemente y los vidrios reforzados se empañan al momento con vapor de agua. Desde hace unas horas las paredes de los edificios han empezado a desplegar sobre sus superficies propagandas luminosas y anuncios en inmensas pantallas de diodos y enormes sistemas de proyección interna. Mientras el vapor de los sistemas de refrigeración se ilumina por las lamparas de halógeno y motores hidrodinámicos.

Todo empieza lentamente a cobrar un pálido ajetreo entre hexaportales y Overgliders que despliegan sus alas desde los puertos en los edificios, la gente poco a poco sale de sus departamentos algunas decenas de pisos abajo, abrigadas con ligeras prendas de piel negra sintética. Se dirigen en general a la zona comercial del sector 9 mientras que otros tantos regresan a sus departamentos después del trabajo en los yacimientos minerales  del décimo tercer sector.

El sector 13 fue escogido por las autoridades del distrito como zona puramente industrial, después de que los laboratorios encontraron en ellos minerales raros como la Psimita y el Neoben ambos utilizados en aleación para la elaboración de materiales electrónicos de alta resistencia a las temperaturas.

Me veo inmerso en mi pequeña habitación, un cuarto que apenas rebasa los 10 pies de ancho, y que cuenta solo con una plataforma empotrada a la pared que hace las veces de catre y un escritorio metálico igualmente empotrado. Reposa sobre el un ordenador y una maceta de arcilla con una Gloriosa Superba, una planta traída desde el viejo mundo como regalo de una antigua amiga hace poco mas de 3 años locales, y cuyo estado ha  permanecido en buenas condiciones en parte por la radiación solar y los sistemas de iluminación y acondicionamiento artificiales que ha permitido que muchas de las plantas que sobrevivieron al traslado desde el viejo mundo hayan podido sobrevivir en este catastrófico ambiente. Fuera de eso solo existe el hueco del armario, donde guardo mi ropa y los pocos recuerdos que me quedan de mi infancia en Adhanar.

Parte 1: Memorias

El tiempo se me escurría rápidamente entre los dedos, después de unos segundos en los cuales mantuve la mirada fija en una fotografía, regrese mis memorias a su caja, me sentí exaltado por el rugir de un overglider que se deslizaba estruendosamente a un par de metros de la ventana, dejando una estela violeta que tardo un par de segundos en desvanecerse, y que tiñó la habitación fugazmente por un peculiar tono.

Los overgliders en su mayoría han sido manufacturados en Nevah, y traídos en inmensos transportadores hasta el sector 10, puerto comercial del distrito B. La tecnología Vortex que utilizan se ha empleado ampliamente en la manufactura de sistemas de transporte desde hace medio siglo, y los overgliders antes considerados un medio inseguro y costoso se han adueñado del cielo a lo largo del tiempo, dando poco espacio a otras tecnologías de propulsión menos eficientes, gracias en parte por el uso de sistemas inteligentes que aprovechan las corrientes cálidas generadas por las hirvientes estructuras metálicas de la ciudad durante el día y unidades de control resistentes a los brutales cambios de temperatura.

Me incorporo y rápidamente sacudo mi cabeza intentando dominar mis sentidos. Mientras trato de enfocar las formas difusas a mi alrededor, respiro hondo en un intento de recuperar la compostura y me dirijo hacia la pequeña sala contigua, un cuarto no mucho mas grande que mi habitación, solo con tres puertas que conducen al dormitorio, a un baño y a un corredor. Mi viejo departamento no ha cambiado mucho desde que llegue al distrito, siempre ha mantenido esa sensación de vacío y soledad que no he sabido corregir, y que realmente he llegado a pensar, que ha sido parte de mí durante toda mi vida.

Al pasar por la sala me dirijo al baño donde la luz de la luminaria se enciende mientras entro, me enjuago la cara y dedico un segundo a mirarme al espejo mientras me seco, las cicatrices en mi cara aunque no muy notorias revelan una vida dura, a mi alrededor, nada mas que la soledad. En esta habitación no existe ventana alguna, solamente un recirculador de aire y muebles de baño, el brillo metálico de los muebles bajo la blanca luz de la lampara delata la edad del lugar, que con el ocaso empieza a cambiar a una temperatura mas fresca.

Con la llegada de la noche me dispongo ha salir de mi celda, tomo mi chaqueta de piel y unos auriculares. Al salir de mi departamento el corredor aparece desierto, los departamentos contiguos han estado vacíos por alrededor de dos años, extraño en esta zona que diariamente recibe a miles de refugiados de otros sistemas en decadencia. Al final del pasillo, el elevador yace con las puertas abiertas. Parece que nadie ha salido o entrado del edificio en bastante tiempo. Ya rumbo al lobby escucho el crujir de varios fierros mientras el elevador desciende rápidamente. El rugir de la vieja maquinaria me recuerda los sonidos de las palas mecánicas y grúas visibles desde mi apartamento, cuando el elevador se detiene en la planta baja, las puertas se abren y el estrecho pasillo iluminado burdamente me conduce a las calles de la ciudad. Bienvenidos al nivel cero.

En las calles la gente viene y va escupida por las enormes estructuras metálicas. Solo unos pocos vehículos terrestres circulan por las calles, en realidad el mayor de los espectáculos de esta ciudad se encuentra en el cielo, los gliders se conducen como un enjambre sobre nuestras cabezas y como un enorme rió de mercurio que se escurre entre las calles, algunos bajan al nivel cero y algunos mas se reincorporan al caótico desfile.

Mientras camino en contra de la multitud de gente aprecio infinidad de dispositivos electrónicos que acompañan a los transeúntes, dispositivos de posicionamiento, reproductores multisensoriales, y un sin fin de modificaciones fisiológicas, que en algunos condados se han puesto de moda. Personas con implantes caminan erguidas, ocultando curiosamente sus brazos mecanizados con prendas holgadas y guantes, otros con mas recursos acuden a técnicas mas sutiles como la implantación celular avanzada. Algunos mas llevan implantes oculares, pequeños chips que despliegan información a nivel retinal y que mejoran notablemente las capacidades ópticas del portador. Todas estas tecnologías han sido aplicadas durante varios años con un riguroso control de las autoridades de cada sistema.

El mismo control se ha aplicado en cada ser humano nacido en los sistemas centralizados desde su nacimiento por medio de un dispositivo bioelectrónico de recolección de datos, mismo implantado con el pretexto de reunir información útil en el tratamiento de posibles enfermedades en los neonatos.

Casi desde los inicios de esta tecnología los rebeldes e intelectuales han luchado por la abolición de estos dispositivos, aunque sin aparente éxito, ya que constantemente los focos de rebelión han sido eliminados por el sistema policíaco y las grandes corporaciones que son capaces de extraer información de las actividades que cada humano “centralizado” realiza. En solo dos de los dieciocho sistemas locales se ha podido relegar el uso de estas tecnologías intrusivas, que a ojos de muchos violan lo mas sagrado que los refugiados de las antiguas colonias y neonatos rebeldes pueden tener, la libertad.

Parte 2: Wyvern Av.

La noche se apodera lentamente del cielo, pero la lúz no cede,  luces halogénicas y maquinas patrullan la ciudad, dando a la gente una falsa seguridad. Cientos de Centinelas Autónomos se despliegan durante la noche programados para alertar a los cuerpos policiacos ante posibles disturbios. Pantallas gigantes animan crudamente las paredes de los edificios, mientras las luces de neón iluminan los nombres de decenas de bares y pubs. Dentro de ellos, la gente se muestra conforme con sus vidas, mientras sus caras reflejan una engañosa felicidad, tan llena de consumismo y tan vacía de virtudes.

Entre los edificios los callejones rebelan aún mas que solo sistemas mas pequeños, mundos separados, donde la drogadicción y la prostitución irrumpen en la realidad caóticamente. De uno de esos callejones dobla un pequeño individuo, un gorro gris cubre su cabello rubio, y un voluminoso abrigo oculta su figura, bajo el brazo una negra caja metálica. Un fleco mantiene cubiertos sus ojos que en mayor parte del tiempo atienden a su pensamiento. Con la cabeza baja con paso firme camina por la acera, ocasionalmente examinando con la mirada a su alrededor. Al levantar la mirada revela unos hermosos ojos grises que se pierden en el horizonte. La visión de su cara me evoca extrañamente un tenue sentimiento de serenidad. Súbitamente ese mismo sentimiento se desmorona al ver esta figura esconderse detrás de las escalinatas de granito de un imponente edificio, esquivando el análisis de un centinela que patrulla el área.

El centinela proyecta un haz de luz carmesí que parece explorar el territorio a su alrededor, pero la pequeña figura se desvanece entre sombras evadiendo el camino de la máquina, que pasa por alto la diminuta silueta bajo el abrigo.
Después de unos segundos el pequeño merodeador se incorpora y reanuda el andar hacia el norte, ahora un tanto mas confiado, sin saber que su caminata lo conducirá en la misma dirección de mi destino. Camina al otro lado de la acera mientras se intenta escabullir entre el silencio de las calles y callejones sin transitar, se conduce a la penumbra y se pierde por segunda vez entre las sombras.

Extrañamente algo no está bien, la repentina imagen me impiden retirarme de tan curiosa escena, las sombras consumiendo su diminuta silueta. Mis pasos me dirigen a la entrada de tan estrecho recinto. Un callejón vacío. Se me congelan los nervios por momentos y por un segundo titubeo al entrar, la parda iluminación y el asedio del vapor emanando de viejas tuberías convierten el panorama en un intrincado juego de luces. Inesperadamente un sonido metálico rompe el silencio, sacudiendo mis oídos. Se trata de un cubo de basura precipitándose hacia el suelo, y que continua su camino rodando por el piso. Una voz quejumbrosa responde al sonido, mientras la figura entra por una ventanilla hacía el sótano del edificio.

Seguir la huella sería en vano, la ventana resulta demasiado pequeña para mi tamaño. Pero la extraña huida del pequeño me deja un no muy grato presentimiento. Al regresar al otro lado de la calle, no pude mas que voltear la mirada e intentar examinar la edificación. Un edificio labrado casi en su totalidad, posiblemente uno de los últimos construidos de granito por la colonia. Las esquinas recortadas, y la implacable arquitectura, elevaban el edificio de forma majestuosa. El sol y la corrosión del planeta se han encargado de robar la nobleza al edificio. La placa junto a la entrada contiene la leyenda “NorthStar Research”, “Babel Street / 0768″, revelando que el edificio es o fue parte de un importante centro de investigación.

Todo se me antoja bastante confuso, la atmósfera de la ciudad se escucha cruda y sin melodía alguna. Caóticamente inhumana y tecnológicamente perfecta. Las ideas en mi cabeza se ordenan una a una sin sentido aparente.

Doy unos pasos mientras contemplo la fachada. Al parecer mi estancia ahí es inútil y me retiro pensando en tan extraño suceso. Las calles de este distrito lucen tranquilas, a diferencia de sus cielos que en agitado movimiento confinan a los niveles mas bajos alguna cruel apatía. La gente exhiliada se refugia generalmente en los niveles inferiores de este distrito. Durante mi llegada a este sistema, me mantuve oculto en el durante el tiempo suficiente para memorizarlo en su mayoría, suficiente como para guiarme en mi camino a través de Wyvern Avenue.

Wyvern Av. Mantiene algunas de las edificaciones mas antiguas, las primeras construidas, y las mas perseguidas debido a la falta de control sobre la población. Las redadas y disturbios policiacos son muy comunes, los rebeldes han sido confinados a este distrito en su mayoria pero aún se pueden encontrar focos de resistencia fuera de ella. Incluso los subterraneos han servido durante años de refugios para la gente incriminada y acusada de conspiración.

Parque de las Valquirias

 

Parque de las Valquirias

Spoiler

 

Mi caminata hacía el distrito 6 me lleva a atravesar por la plaza de las valquirias, un recinto amurallado por inmensos rascacielos, jardines entretejidos de arboles transgenicos que se elevan con formas geométricas intrincadas, y colores vividos bañados en luz artificial. A pesar de su abrumadora belleza, la gente ya no contempla los jardines, las pocas personas que se detienen, a menudo solo voltean la vista y reanudan su camino. En uno de los pasillos de granito, se encuentra un hombre de edad avanzada, vistiendo un suéter gris, y con una prominente barba canosa, se trata de Dorian, el creador y protector de los jardines. Sus ojos de un verde cristalino reflejan paz y serenidad pero también una creciente agonía, aunque su mirada generalmente pasa desapercibida del mundo.

Al acercarme a el, y sin voltear la mirada, Dorian esboza una cálida sonrisa, sus dientes siguen siendo de un blanco marfil, y su frente amplia se ilumina con la luz de los reflectores.

- Vaya que ha pasado tiempo desde que alguien viene a visitarme. – Realmente siento lo que paso…

[Transmission Lost]

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